Todas las novias soñamos con nuestro vestido perfecto y hoy quiero compartir con vosotras cómo fue la búsqueda del mío, pero eso sí, no os diré cuál es (sorpresa, sorpresa).

A mediados de octubre, después de la boda de uno de mis primos, empecé a mirar vestidos en la red. Miré y remiré las webs de Rosa Clará, PronoviasAire Barcelona. Más o menos sabía cómo lo quería, en plan princesita… Tonta de mí que al final acabaría con todo lo contrario.

El 29 de octubre a las 11 de la mañana había quedado en la tienda de Aire Barcelona de la Plaza del Salvador con mi amiga Miri. También me acompañaban mi madre y mi hermana. Mi amiga me envió un mensaje diciéndome que se retrasaba un poco así que, mi madre, mi hermana y yo entramos en la tienda porque no queríamos retrasarnos nosotras también. Entramos en la tienda y una chica nos atendió. Nos dio el catálogo y me dijo que eligiera los vestidos que más me gustasen. Elegí 6 de los cuales sólo tenían 3, pero la dependienta me dijo que me buscaría alguno más para que me lo probara.

Ya en el probador, con los nervios de una quinceañera (tampoco es que tenga muchos más) la dependienta entró y empezó a probarme vestidos. De todos los que me probé no me gustó ninguno y eso que ya los había mirado en la web y me encantaban… quizás el trato de la dependienta no fue el más correcto porque no me ajustó los vestidos ni siquiera con alfileres y me los veía enorme. Además,  me dio unos zapatos del número 41, ya se podéis imaginar lo que parecía (un pato mareado).

La visita a Aire fue tan rápida, que Miri llegó a las 11 y cuarto y nosotras ya habíamos salido de la tienda. Se podéis imaginar el sofocón que tenía… no me podía creer lo que me había pasado, ¡¡no me había gustado ninguno de los vestido que me había probado!! Pero ahí no quedó la cosa…

Después fuimos a varias de las muchas tiendas que hay en el centro de Sevilla pero las dependientas nos dijeron que sin cita “nada de nada” y eso que no había ni un alma en las tiendas. En fin, ellas sabrán…

Hasta las 5 de la tarde no tenía ninguna cita más y eran las 12 el mediodía. No sabíamos si volver a casa o quedarnos por el centro pero, a Miri se le encendió la bombillita y me dijo: “¿Y si nos acercamos al Aire que hay en el Corte Inglés de la Plaza del Duque? Y así lo hicimos. Llegamos y le dijimos a la dependienta si podía probarme algún vestido, le contamos lo que me había pasado y me dijo que me probase todos los que quisiera.

Vimos otra vez el catálogo. Miri y mi hermana parecía dos niñas eligiendo vestidos. Creo que al final fueron unos 10 ó así. Cuando ya casi me los había probado todos, mi hermana salió del probador y le dijo a la dependienta que sacara uno más. Y ahí estaba él, ¡¡era mi vestido!!

Cuando me lo probé sentí algo especial, algo que no había sentido con ningún otro. Las que ya se habéis casado sabéis de lo que os hablo. Es una sensación tan bonita que no se puede explicar. Me vi en la iglesia con ese vestido y lo tuve tan claro que dije: “es este y no me voy a probar ninguno más”. Anulé las citas que tenía en Rosa Clará y Pronovias. Llamé a mi cuñado y le dije: “no te lo vas a creer, ya tengo el vestido”. Su respuesta: “no puede ser, ¿ya?. Creo que David tardará más que tú”

Más adelante daré algunos consejos para que las futuras novias vayan preparadas para buscar su vestido.

Un beso y feliz casi-viernes.

Lis.

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