Cuando David y yo decidimos casarnos, tuvimos muy claro quienes iban a ser el padrino y la madrina, mi padre y su madre.

Hoy os cuento cómo fue la búsqueda del traje del padre porque es un tanto atípica. Os pongo en situación. Tiene 47 años y odia los trajes de chaquetas. Creo que desde su boda (allá por el año 1984) no ha vuelto a ponerse un traje y ya de las corbatas ni hablamos…

Cuando le dije que quería que fuera mi padrino, lo primero que me dijo fue: “¿Puedo ir en vaqueros?” a lo que yo respondí: “Por supuesto que ¡NO!” Lo creáis o no, me ha costado convencerle. De hecho, me dijo que fuéramos David y yo a elegirlo a la tienda y que cuando tuviera tiempo iría él a pagarlo. En ese momento le dije: “¿Pero no piensas probártelo?…” Pero bueno, le hicimos caso y fuimos a la tienda. Una vez allí, vimos uno que nos encantó, era negro, con levita y corbata rosa y blusa blanca. ¡Precioso!

Llegamos a casa y se lo comentamos a mi padre, encima de precio estaba genial. Su respuesta: “¿Rosa?, eso no me lo pongo yo ” Con todo y con eso, accedió a venir a Sevilla y el viernes pasado a las 18.15 horas estábamos en la Calle Castilla entrando por la puerta de la tienda. El dependiente que ya me conocía, sacó el traje y todo lo demás. Mi padre se lo probó y le gustó mucho (o eso dijo). A las 18.30 horas ya habíamos salido de la tienda con el traje bajo el brazo. Ahora sé a quién me parezco yo…

Estaba muy guapo, el traje le queda genial y yo le agradezco mucho que haga este esfuerzo por mi. Sé que no estará muy cómodo, pero ya le hemos dado vía libre para que se lo quite después de la ceremonia, aunque sé que no lo hará…

Aunque me ha dicho que no le enseñe el traje a nadie, sé que vosotros me guardaréis el secreto. Ssshhhshh…

Lis.

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